Inmersos en la crisis estructural de los cuidados, las nuevas tecnologías surgen como una solución rápida y poco costosa para apaliar el problema del tiempo o la falta de mano de obra en el sector. Sin embargo, lo cierto es que están respondiendo al mismo patrón y están reproduciendo la misma lógica, que poco tiene que ver con la justicia y mucho con la intención de automatizar lo afectivo para sostener la eficiencia del sistema. Es así como el denominado tecnopoder se ha estado desarrollando en su función más opresora. Para repensar el papel de las tecnologías en los cuidados es necesario insertarlas en un nuevo paradigma que cuestione la productividad como medida del valor humano, revalorice la interdependencia y demande una política del cuidado capaz de traspasar todas las dimensiones de lo social, lo económico, lo tecnocientífico y ambiental. El rol de las tecnologías podría así permutar y configurarse como herramientas al servicio de un modelo afectivo e interdependiente, como un elemento más en la red de cuidados que promueve la diversidad y la ayuda mutua entre lo humano y lo no humano. Así pues, no toca negar ni prohibir el uso de las tecnologías. Es momento de asumir una mirada más conciliadora, aunque no por ello ingenua. Ciertamente, se requieren estudios sobre las implicaciones éticas, políticas, jurídicas, sociales y económicas de esta cuarta revolución industrial y, dada la celeridad en la que se están produciendo las transformaciones tecnológicas, una opción interesante y enriquecedora es reflexionar desde la imaginación especulativa de la ciencia ficción.