El estudio del grotesco, como categoría estética, es una de las grandes aportaciones del pensamiento moderno en su aproximación al objeto artístico. A los primeros intentos (Rosenkratz, Flögel), centrados en el análisis de la fealdad como respuesta a la hegemonía de lo bello, siguieron las propuestas de Bajtín y Kayser, centradas en periodos históricos concretos. Diversos trabajos de Beltrán Almería retoman el concepto y lo sitúan en un horizonte más amplio, como estética fundacional de la imaginación creadora humana en su despliegue por la historia. Este trabajo retoma dicha senda e intenta explorar su plasmación en los álbumes ilustrados infantiles. La imaginación del niño, proclive al grotesco, ofrece a los artistas conscientes de su poder, avalado por la gran tradición (Busch, Steig, Sendak, Saéz Castán…), un espacio de creación fecundo, que en las siguientes páginas se explora a través de figuras y símbolos como el niño endiablado, el apocalipsis, el monstruo o los estados de enajenación y tránsito.