El cuerpo obeso, desde la perspectiva de Merleau-Ponty, no se reduce a un objeto físico, es el núcleo de la experiencia humana. En la obesidad, este cuerpo se percibe tanto desde el interior como a través de las imposiciones sociales, que genera una tensión entre la autoimagen y la percepción externa. Esta alienación convierte al cuerpo obeso en un espacio de lucha interna y estigmatización social. Sin embargo, sigue siendo el medio de interacción con el mundo, afirma su existencia y ofrece una manera singular de habitarlo. Interpretar la obesidad desde esta filosofía permite trascender los enfoques reduccionistas, para ser discutida como una vivencia que refleja características físicas, dinámicas sociales y aspectos culturales.
David Francisco Llamosa Escobar