Este artículo estudia la ambigüedad del estatuto de los jesuitas en la periferia de Arequipa en el siglo XVII, a través de un conflicto jurisdiccional con el obispo. Los jesuitas, propietarios de una chacra cerca de Arequipa, enfrentan al clero secular, acerca de la administración de los sacramentos a los indios que viven y trabajan en ella. Según el obispo, dependen de la parroquia de indios de la ciudad. La Compañía de Jesús controla, a través de los sacramentos y de su desempeño como evangelizadores, la mano de obra indígena y su permanencia en un espacio rural, propiedad privada de la Compañía. La propiedad privada de la tierra y de la capilla funciona como un límite de la jurisdicción eclesiástica. Los jesuitas actúan como misioneros, pero también como cualquier propietario celoso de la administración religiosa de sus indios. En este espacio recientemente cristianizado coexisten varias modalidades de administración religiosa de los indios, que dependen de la propiedad del templo local, del estatuto de la tierra y de los que la trabajan. Los jesuitas utilizan la ambigüedad del estatuto de los indios, que no pertenecen a ninguna reducción de la zona, y su propio estatuto de misioneros y de propietarios, capaces de administrar los sacramentos con el fin de controlarlos y sujetarlos al territorio.