En 1537 la Iglesia prohibió la esclavitud de los amerindios, y no sería sino hasta 1839 que hiciera lo mismo con la esclavitud africana. Entre una postura a la otra, la impugnación religiosa de la esclavitud africana estuvo en manos de unos cuantos misioneros. Este trabajo discute cómo a través del empleo de la retórica legal y eclesiástica, el capuchino Francisco José de Jaca construye en su Resolución (La Habana, 1681) un proyecto misionero alterno, centrado en la denuncia del cuerpo católico envuelto en la esclavitud y no en la evangelización de los africanos