El pasado año nos planteó enormes desafíos, mientras que las necesidades humanitarias alcanzaron niveles históricos. Los con ictos armados, la crisis climática y la pandemia de COVID-19 transformaron el panorama humanitario, agravaron los riesgos y exacerbaron las desigualdades. Se incrementó la frecuencia de los desastres y su poder devastador, a la vez que surgieron inquietantes tendencias, como la pandemia paralela de la violencia de género, el aumento de los desplazamientos forzados y la creciente inseguridad alimentaria. En respuesta a todo ello, las Naciones Unidas siguieron coordinando y apoyando la prestación de asistencia humanitaria a más de 264 millones de personas.