En nombre de Dios y en nombre de las religiones se han cometido crímenes atroces contra la humanidad. Dios ha sido, en muchos casos, motivo de contradicciones y exclusiones de hombres y mujeres. Desde la religión y en defensa de la religión, los cristianos, y miembros de otras confesiones, han predicado la guerra, la tortura, la privación de la libertad para los seres humanos, y también la muerte. Un diálogo entre las religiones debe apostar necesariamente por el hombre. Los postulados básicos de la reflexión en torno a lo humano deben estar siempre en términos de qué humaniza más al hombre. Desde la perspectiva cristiana, Jesús de Nazaret se presenta como modelo de humanidad y de humanización posible para cualquier hombre que oriente su vida hacia la paz.