¿Es la religión cristiana la única verdadera?, ¿no serán en el fondo todas las religiones igualmente válidas? Estas dos cuestiones traducen la necesidad que tiene todo ser humano de plantearse el valor y la verdad de sus comportamientos y adhesiones, y nacen motivadas por una situación de pluralismo sociocultural. La respuesta teológica a esta situación e interrogantes está aún por darse. Sin embargo, el corazón de la experiencia cristiana lo constituye la realidad de la manifestación de Dios a todos los hombres en la persona de Jesucristo vivida en el encuentro de cada ser humano con Jesucristo. Cuando el cristiano proclama su fe no niega su verdad a las otras religiones; ante todo pone de manifiesto lo que constituye la razón de ser de su vida. Aquí radica la condición primera del diálogo.