Más allá de su controvertida fama como novelista y cronista oficial del sistema literario del Fin de Siglo, la figura del guatemalteco Enrique Gómez Carrillo (1873-1927) apenas ha sido reivindicada en tanto que primer teórico cabal y máximo divulgador de las corrientes poéticas francesas del decadentismo y el simbolismo. Radicado en su privilegiada atalaya parisina, desde su primer libro, Esquisses (1892) y hasta aproximadamente el año crucial de 1898 nadie como él promovió una renovación expresiva del modernismo, de su canon autorial y de su repertorio de elementos simbólicos y conceptuales. Guía de Rubén Darío y con él de toda la juventud poética hispánica en la superación de los modelos parnasianos que habían dominado la lírica durante el último tercio del XIX, Gómez Carrillo representa en sí mismo una época de la literatura en español, marcada por la búsqueda continua de universalidad y modernidad.