Con esta afirmación José Deleito y Piñuela nos recuerda que la fiesta podía ser programada tanto por el poder político como el religioso, que no escatimaban esfuerzos ni gastos para dar al pueblo unos días de diversión, y cuyo fin último, como escribe el profesor Bonet Correa, era lograr una conciliación amistosa entre las clsases, tan necesaria para establecer el equilibrio social.
César Arróspide de la FlorJ. Carlos Estenssoro