El documento presenta un análisis amplio de la pintura y la escultura desarrolladas en Extremadura entre los siglos XVI, XVII y XVIII, ofreciendo una visión global de la evolución artística desde el Renacimiento hasta el Barroco avanzado. A lo largo del texto se examinan los principales artistas activos en la región, así como la presencia de maestros foráneos, especialmente flamencos e italianos, cuya influencia contribuyó a renovar los lenguajes formales y técnicos. El estudio atiende a la configuración de talleres familiares, al peso decisivo de los encargos eclesiásticos y al protagonismo de catedrales, parroquias, ermitas y conventos como focos de producción. Se revisan las características de los retablos renacentistas y su progresiva transformación hacia un estilo más narrativo y expresivo en el siglo XVII, marcado por el naturalismo y la intensificación devocional propia de la Contrarreforma. El recorrido culmina en el siglo XVIII con el predominio del Barroco ornamental, visible en la abundancia de dorados, la mayor teatralidad y la riqueza iconográfica. Figuras como Luis de Morales, Estacio de Bruselas, Alonso Hipólito o los Hermosa permiten comprender la consolidación de un estilo regional, diverso y permeable a las corrientes europeas, que define la identidad artística extremeña.