El capítulo analiza la forma de la historia como de conocimiento ampliamente aceptado como producto de sus luchas epistémicas sostenidas durante el siglo XX; sin embargo, se centra en una de tantas paradojas que tiene, pues si bien la historia ha consolidado su estatuto como una ciencia que se encarga de los actos humanos en el pasado, aún acometen las dudas respecto a cómo su filosofía contribuye con la formación educativa de los individuos. Esto revela un espacio de análisis que merece ser desentrañado. Más aún porque en el contexto actual se experimenta una especie de distanciamiento entre el pensamiento histórico y la reflexión filosófica, cuyos efectos hoy pueden verse reflejados sobre la formación educativa. Por eso en el capítulo profundiza acerca de cuáles son los problemas que ese distanciamiento ha provocado, ejemplificando cómo la reflexión filosófica en la historia resulta entonces fundamental para la educación. La información se presenta en tres apartados, en el primero se hace una aproximación a los aspectos teóricos que justifican la relación entre filosofía e historia y cómo puede llegar a determinar las acciones del pensamiento histórico. En el segundo apartado se muestra cómo la filosofía de la historia resulta vital para la educación y, específicamente, para la enseñanza de la historia en general. Finalizando en el tercer apartado con un corolario de presupuestos que intentan servir de guía para cuestionar el presente definiendo las nuevas preocupaciones que justifican el fortalecimiento de la filosofía de la historia y su reflexibilidad. Todo esto a partir de la realidad ocurrida en Chiapas, que constituye el referente experiencial más próximo, donde la historia se ha desarrollado a pasos agigantados durante los últimos 10 años, sin que, hasta ahora, se hayan distinguido sus efectos sobre el pensamiento crítico entre los niños y jóvenes chiapanecos.