La traducción literaria conlleva el traslado de textos de los que se espera que preserven o recreen de algún modo “the aesthetic intentions or effects that may be perceived in the source text” (Delabastita 2011: 69). Esta amplia definición pone el acento en una modalidad traductora que busca salvar no solo el contenido y el argumento de la fuente (ya sea narrativa, literatura infantil, poesía, teatro o novela gráfica), sino también su valía artística y creativa. La presente entrada reflexiona críticamente sobre los aspectos textuales y contextuales de la traducción literaria como una modalidad singular que exige un conocimiento filológico riguroso, competencia intelectual y sentido artístico para que el resultado mantenga esa “literariedad”. El traductor literario debe plasmar el significado, pero también salvar los escollos lingüísticos en cuestiones de estilo, tono, fonoestética, dialecto, connotación y metáfora, además de las dificultades derivadas de la resistencia del texto, la ideología o la interpretación personal. La subjetividad es capaz de resaltar ciertos matices que, aun siendo relevantes, pudieran perder efecto con el tiempo, exigiendo así retraducciones para un público más contemporáneo. El patrocinio y las limitaciones del sistema destinatario desempeñan un papel primordial en la recepción de literatura foránea, que puede ser objeto de procesos de reescritura (o refracción) para contentar a un determinado lector, a veces apremiada por cuestiones ideológicas. Por otro lado, de parejo interés es quién firma una traducción y hasta qué punto el encargado de llevarla a cabo permanece (in)visible en el sistema literario de acogida. Hay subgéneros que exigen formación y aptitudes específicas. En los textos pensados para su puesta en escena resultan básicas la teatralidad y la oralidad, mientras que rima, ritmo y sonoridad trascienden al traspasar poesía; la creatividad lingüística y los aspectos culturales son fundamentales en la literatura para niños, y existen otras modalidades constreñidas por factores de naturaleza extralingüística, caso de la música de las canciones insertas en los textos o las convenciones gráficas que impone el cómic.