Este texto se centra en el análisis del impacto transformador que el Museo Guggenheim y otro conjunto de infraestructuras y dotaciones ha tenido sobre la ciudad de Bilbao, tanto desde una perspectiva urbanística como cinematográfica. A partir de la década de 1990, Bilbao experimentó una serie de profundas transformaciones urbanísticas, que incluyeron no solo la construcción del icónico museo, sino también otras infraestructuras clave como nuevos puentes, el sistema de metro y la renovación del espacio urbano. Estos cambios redefinieron la imagen de la ciudad, alejándola de su pasado industrial y los problemas asociados con el terrorismo y la crisis económica, e influyeron en su representación fílmica. La nueva Bilbao, con una modernidad arquitectónica evidente, se convirtió en un escenario atractivo para el cine, ofreciendo un paisaje urbano renovado y "virgen" que comenzó a ser explorado por directores tanto locales como internacionales. Este proceso de reconfiguración urbana y su reflejo en el cine se compara con otras ciudades que han vivido procesos similares, mostrando cómo el cine puede ser tanto una herramienta urbanística como un medio para difundir nuevas imágenes e ideas sobre la ciudad.