Se me ha encomendado que escriba un prólogo para este libro que el lector tiene en sus manos. Quisiera subrayar que es un libro precioso y extraordinario y nada más, pero entiendo que los protocolos me obligan a explique por qué. Como nadie en su sano juicio sospechará alguna sabiduría de mi parte en relación con el vasto dominio de María Inés Palleiro, espero que se entiendan estas palabras mías como un testimonio de un encuentro feliz entre dos personas que han tratado de pensar asuntos similares, pero en territorios muy diferentes. Un encuentro feliz que nos permite suturar esos territorios y atravesarlos con la algarabía de quien ama los puentes y los medios de transporte (me refiero a mí, pero intuyo que María Inés, que ha recorrido el país entero en busca de historias, también abrazaría esas metáforas para su propia actividad).