El fallecimiento de Peter Watkins el pasado noviembre devuelve la atención a una obra que cuestionó la pasividad y la homogeneización del lenguaje audiovisual. Sus películas, concebidas como espacios de debate y trabajo colectivo, dialogan hoy con un ecosistema dominado por plataformas y algoritmos. Revisarlas permite imaginar otras formas de producir sentido en común. En tiempos en que las imágenes se aceleran y los lenguajes audiovisuales tienden a la homogeneización, volver a Peter Watkins no es un gesto nostálgico, sino una necesidad crítica.