El muro fronterizo que divide a Ciudad Juárez con El Paso, se comporta como una membrana que permea las condiciones de inequidad y desigualdad de un lado de la frontera, además de expresiones de violencia incentivadas tanto por las autoridades de gobierno como por el crimen organizado. La diferenciación entre las dos ciudades marca una ruta inevitable de migración ilegal que, por razones laborales y de supervivencia, miles de personas deciden arriesgarlo todo por llegar al país de la prosperidad y el desarrollo. La frontera del lado mexicano, con su propia identidad, se encuentra marcada por los feminicidios que se perpetraron cerca de las maquiladoras, además de la migración ilegal, el tráfico de personas, el consumo y el comercio de drogas, los asesinatos y los desaparecidos. En pocas palabras, la presencia del miedo en cada rincón de la ciudad. Bajo este contexto, en el presente artículo se analizan en cuatro intervenciones de arte contemporáneo que tienen el propósito de corresponder a este clima de violencia de una manera propositiva y activa: Balancines (2019) de Ronald Rael y San Fratello, Sumisión (2007) de Santiago Sierra, Sintonizador fronterizo (2019) de Rafael Lozano-Hemmer y la Promesa (2012) de Teresa Margolles. De esta manera compartimos el compromiso de las propuestas artísticas que tuvieron la capacidad de incentivar la comunicación, la conciencia y la convivencia en entorno violentos.
Brenda Isela Ceniceros OrtizBrenda Isela Ceniceros Ortiz