La Primera Guerra Mundial había marcado el cenit de las unidades ciclistas combatientes, que operaron en todos los frentes y por parte de todos los contendientes, mientras que el ejército español se limitaba a secciones y enlaces ciclistas empleándolos únicamente en servicios de estafeta y mensajería o, en el mejor de los casos, para pequeños servicios de exploración o reconocimiento. A pesar de haber planificado la formación de tres batallones ciclistas en la reforma de 1918, habría que esperar hasta la llegada de la República para la formación efectiva de un Batallón de Infantería Ciclista. En la Guerra Civil española el uso de unidades ciclistas como fuerza de combate fue muy limitado, generalmente siendo utilizadas pequeñas unidades ciclistas como elementos de enlace y transmisión de órdenes. Ya en el ejército franquista de posguerra se establecieron en principio diversos batallones ciclistas, dada la escasez de medios que hacía imposible la deseable motorización de las unidades, que finalmente se redujeron a tres y, unos años más tarde se unificaron en un regimiento de infantería ciclista que pervivió hasta mediados de los años cincuenta.