Hay ciudades que rebosan talento como una selva tropical y otras que viven en el páramo o se conforman con ser oasis en medio del desierto. La creatividad colectiva, como la personalidad individual, nace y se hace. Hay lugares en los que sus habitantes disponen de tiempo y predisposición (debido al rigor del clima) para atesorar sabiduría y destreza en la soledad de la lumbre, y de hecho así se comportan, pero sin embargo son incapaces de plasmar después ese conocimiento en un bien cultural; y hay otros cuyas poblaciones viven mayormente en la calle (debido también al clima) y crean arte sin saberlo cuando se disponen a contar un chiste o a mirar las estrellas. Las razones por las que un determinado saber, técnica o intuición se convierte en producto cultural son difusas y en todo caso prolijas. Lo que está claro es que hay administraciones que no alcanzan a gestionar las luces desbordantes de su ciudadanía y otras a quienes les sobra el presupuesto anual de Cultura.
Fernández Vargas, David Gustavo
María Teresa Casal GarcíaPatrice CressierSonia Gutiérrez LloretAda Lasheras GonzálezChokri TouihriMorgane UbertiJaime Vizcaíno Sánchez