La brecha abierta entre los países desarrollados y los menos desarrollados es cada vez más grande. En América Latina el problema se ha ido agudizando y la integración de la región surge cada más vez como la salida más airosa a sus desequilibrios sociales y económicos. Hasta el momento, este proceso integracionista se ha visto obstaculizado por muchos factores entre los que sobresale la falta de negociación política. Es un verdadero reto el que se nos presenta en estos años finales del siglo para lograr insertar a América Latina en el “Nuevo Orden Internacional”. Son necesarios varios factores y la democracia, la administración pública eficaz junto con una economía de mercado con justicia social son los ingredientes necesarios para llevar a cabo con éxito los intentos de integración. Varios sectores de la sociedad latinoamericana trabajan con ahínco para lograr el éxito de esta empresa y entre los resultados que se encuentran a la vista está el Pacto Andino. Sin embargo, el camino por recorrer es muy largo todavía, divisándose claramente grandes obstáculos derivados de la falta de solidaridad que ha imperado en nuestras sociedades. Entre estos obstáculos se encuentran los problemas vinculados con la falta de claridad sobre nuestra realidad social, cultural y política. Incluso hemos tardado años en dilucidar si es posible hacer filosofía o no en nuestros pueblos. Nos hemos cuestionado nuestra autenticidad y hemos vivido obsesionados por la búsqueda de una identidad y unidad que estaban ante nuestros ojos. Devolverle a la filosofía su papel argumentativo y hacer de ella un instrumento que nos ayude a aclarar conceptos, a destruir prejuicios, a mostrar hasta dónde nos han llevado a la sujeción y nos han negado los derechos como seres humanos, debe ser el papel primordial que la filosofía cumpla en América Latina. Porque el papel de la filosofía en este proceso de integración que nuestra región trata de llevar a cabo, debe ser el de instrumentó eficaz que ayude a demostrar la falta de fundamento del sistema social que ha contribuido a mantener a América Latina en condiciones de subdesarrollo y sumisión ante los poderosos del mundo.