La animación social ha sido definida como una estrategia de democratización cultural que permite la participación de los sectores populares en su propio desarrollo. En Chile la apertura a la importación masiva de equipos facilitó e incentivó la producción y difusión de videos. La autora propone una metodología para la producción y uso del video. Señala que la formación de grupos de producción en organizaciones de base es parte de un proceso de transformación gradual de receptores en emisores comunitarios y de desarrollo de la expresividad e identidad local.