Este estudio, dedicado al cine español contemporáneo, parte de la idea de que se manifiesta en él una crisis entre dos modelos estéticos contrapuestos, situados en Madrid y Barcelona: entre un modelo de cine convencido de la eficacia de las formulas generadas por las servidumbres comerciales y otro modelo, liberado del peso industrial, que ha decidido experimentar en múltiples terrenos para poder transitar con más comodidad en los postulados de ese cine mutante que circula por los festivales internacionales. El cine realizado hoy desde Barcelona parece querer acomodarse al devenir de un cine mutante del que han sido ajenos los discursos oficiales o esa Europa que aún cree en los europudings o las grandes superproducciones. Mientras durante muchos años la idea de cine español parecía centrarse en torno a una ciudad —Madrid— que centralizaba una parte destacada de la industria, en los últimos años, Barcelona ha empezado a emerger como alternativa a los modelos canónicos. El debate actual no reside en la búsqueda de una alternativa nacionalista al modelo centralista. Los nuevos cineastas que trabajan en Barcelona consideran que el debate identitario ha sido absorbido por la televisión, y su modelo de cine busca nuevas vías de expansión que no pasan por el establecimiento de un cine típicamente catalán en el que lo local aparece excesivamente cerrado.