David SanzFrancisco Javier Moreno Hernández
El ser humano es interpretado como un sistema complejo con capacidad de adaptación y en continua interacción con su entorno (Kelso, 1995). Cualquier variación que se produzca a su alrededor provocará cambios en el sistema ajustándose a las condiciones que le rodean. Esta capacidad de adaptación, característica de los sistemas biológicos, resulta un adecuado marco de referencia para entender los procesos de aprendizaje motor (Davids, Button y Bennett, 2008). Lo que entendemos por aprendizaje partiría de un proceso de adaptación a las tareas propuestas al aprendiz. Si las tareas propuestas se repiten o perduran en el tiempo, el sistema tiende a un nuevo estado de equilibrio adquiriendo nuevas propiedades en función de las características de las tareas. Es decir, los cambios que provoquemos en el comportamiento tomarán una u otra dirección en función de los condicionantes de las tareas (Moreno 2006). Es ahí donde la práctica variable interviene, persiguiendo que el tenista explore su paisaje perceptivo-motor, en busca de nuevos patrones de coordinación o atractores, permitiendo la emergencia de los patrones técnicos más adecuados para resolver las diferentes situaciones de juego.
Vicente Ortiz CerveraLorenzo Rausell Peris
Francisco Ávila RomeroDavid Sanz Rivas