Reviewed by: Alejandro Sawa: Luces de bohemia Travis Landry Correa Ramón, Amelina. Alejandro Sawa: Luces de bohemia. Sevilla: Fundación José Manuel Lara, 2008. Pp. 320. ISBN 978-84-96824-38-6. Si gran parte del éxito en el arte de biografiar se basa en el mérito del sujeto retratado, Alejandro Sawa (1862–1909) constituye una elección más que laudable por parte de Amelina Correa Ramón. La trayectoria vital de Sawa, por su renombre fugaz y muerte en la miseria, nos invita a reflexionar sobre las contradicciones del fin de siglo. Galardonado con el Premio Antonio Domínguez de Biografías 2008, este libro representa el fruto del ingente trabajo de archivo realizado por Correa y su pasión, ampliamente plasmada en estudios anteriores, por arrojar luz sobre los aportes literarios de este escritor sevillano, actualmente relegado casi al olvido. De hecho, a diferencia de su primera monografía (1993) sobre Sawa, en la cual Correa ofrece un informativo aunque limitado panorama crítico de varias de sus novelas, con esta biografía la autora pone de relieve el devenir existencial y el impacto cultural de este "rey de los bohemios" (14). Se conmemora con dicho título el legado de Sawa en una modesta placa colocada en Madrid cerca del piso donde Ramón del Valle-Inclán asistió al velatorio del difunto escritor, cuya sombra pocos años después le serviría de modelo para el célebre personaje de Max Estrella en Luces de bohemia (1920). Al emprender esta tan esperada biografía, Correa hace bien en empezar la primera sección con las raíces helénicas de la familia "Sabba" (Σάββα), el patronímico original del escritor, y con la llegada de su abuelo aventurero a Andalucía desde las tierras homéricas de Esmirna. Tanto Sawa como los contemporáneos que hicieron de él una leyenda concibieron su carácter en términos míticos. Entre un grupo de amigos que incluía a Rubén Darío, Paul Verlaine y otros poetas de la época, fue Manuel Machado quien dijo de él: "jamás hombre más nacido / para el placer fue al dolor / más derecho" (30). Correa trata muy a fondo mucho de lo que se suele asociar con el naturalismo de Sawa, desde su anticlericalismo hasta su fatalismo, pero lo mejor del estudio consiste en la revelación de algunos aspectos de su formación intelectual [End Page 367] mucho menos aparentes. Por ejemplo, en "El beso de Victor Hugo" (71–76) se aclara con rico color anecdótico hasta qué punto un Sawa obsesionado por el escritor romántico francés llevó su deseo de rendirle homenaje. No menos interesante, dada la representación brutal de la mujer en algunas obras de Sawa, es el hecho de que su primer amor fuera una feminista. Es preciso mencionar también, entre otras cosas, su curiosa ruptura con Darío a causa de una riña financiera y las cartas conmovedoras que Sawa escribió a Jeanne Poirier, la madre de su hija, durante tantos años de separación y delirio. No es posible, sin embargo, leer esta biografía sin notar los momentos en que Correa se muestra menos apta en su manejo del género. La presentación en la primera sección de tantos datos recogidos del Censo, a veces superfluos (v.g., el número de billares en Sevilla en 1860 o la prolija descripción de la iglesia en la que Sawa fue bautizado), deriva en digresiones inoportunas, de la misma manera que las estrategias retóricas de circunlocución hacen inevitables ciertas transiciones abruptas (v.g., "pero, volviendo al hilo de la narración biográfica"). Además, en la discusión del "Naturalismo militante" (76–84), Correa adopta una terminología crítica cuestionable en su recapitulación de debates sobre el radicalismo de ciertos autores del movimiento naturalista. Correa afirma, por ejemplo, que La mujer de todo el mundo (1885) es "una novela que expone un 'caso de patología social', lo que la sitúa inmediatamente en la órbita del naturalismo radical" (90), pero en realidad resulta...
Marion Peter HoltRamón del Valle-InclánLluı́s PascualAntonio Buero-VallejoGustavo Perez Puig
Andrew P. DebickiAllen W. PhillipsAlejandro Sawa