Juan Camilo Carvajal-BuilesLina Yineth Palacio-AguirreÉver José López CanteroClaudia Marcela Medrano Tovar
Tradicionalmente, a la familia se le han atribuido diversas funciones consideradas universales, tales como: conservación de la especie humana, resguardo, aprendizaje interaccional, regulación de la conducta, determinación del estatus para el niño, manejo y expresión de emociones, entre otras (Pérez & Dugarte, 2011). En el contexto de la familia se crean espacios de socialización que permiten a sus integrantes compartir aptitudes, actitudes, sentimientos y experiencias que son vitales para el desarrollo integral y la interacción con el entorno (Oliva & Villa, 2014). Vanegas y Agudelo (2016) consideran la familia como la célula fundamental de la sociedad, la cual constituye un reflejo de las formas de relacionamiento y la realidad contextual del individuo y la comunidad, lo cual se expresa por medio del lenguaje; por tanto, si dentro del núcleo familiar existen relaciones disfuncionales marcadas por conductas violentas, habrá mayor probabilidad de que se den sesgos cognitivos frente a la percepción de sí mismo y del mundo, provocando deterioro en la estructura y degradando algunos valores morales que conlleven a diversas formas de agresión, de magnitud variable, lo que ha recibido la designación de “violencia doméstica”, “violencia familiar” o “violencia intrafamiliar” (Carbajal et al., 2006).
Katerin Orozco AguanchaLuz Karine Jiménez RuízLorena Cudris–Torres
Verónica Alexandra Tupiza Villa
Carmen Virginia Polit CadenaRita Alexandra Proaño Echeverría
Alisson Milena Saltos PincayJazmín Estefania Moreira Valencia