María Sánchez GonzálezV. Vicent CarsíEnrique Navarrete Faubel
A pesar de la aparición y el desarrollo en las últimas décadas de los denominados sustitutos óseos (1)(2)(3) , la utilización del injerto óseo autólogo (obtenido del propio paciente) continúa siendo aceptada como patrón oro (gold standard) en aquellos casos en los que necesitamos aumentar los índices de consolidación en los procedimientos quirúrgicos sobre pie y tobillo.Históricamente, el injerto óseo autólogo se ha estado utilizando en múltiples cirugías desde 1944 (4) , inicialmente para rellenar defectos óseos.Desde entonces, sus indicaciones han ido en aumento de forma exponencial.Sin embargo, su uso en las diferentes cirugías no es garantía absoluta de éxito.La incorporación del injerto autólogo depende de varios factores, entre los que se incluyen un contacto estrecho entre las superficies óseas viables, la adecuada vascularización del lecho receptor, la estabilidad mecánica, el proceso del remodelado óseo y el número de células en el sitio receptor (5) .Además, la utilización de injerto óseo autólogo está restringida por la morbilidad asociada al sitio donante, el aumento en los tiempos quirúrgicos y su cantidad limitada.Por todo esto, la tendencia actual es reducir el aporte de injerto autólogo en muchas cirugías en las que clásicamente era usado y utilizar sustitutos diferentes al hueso autólogo.Sin embargo, esta elección no debería basarse solo en la preferencia del cirujano o en consideraciones biológicas o biomecánicas de la sustancia a emplear, sino también en la evidencia científica disponible en la literatura.Pero,
María Llanos Montero-AcebalE. Escario-TravesedoGregorio Jesús Gómez-Bajo
Luciana GiménezIsabel Aznar GarcíaLaura Cusiné López
Edgar Espinosa GómezEilien Tovío-MartínezStella Esquivel RiveraJonathan Harris Ricardo
Jorge Pérez VillaseñorDavid Villanueva Jurado