Analizar las negociaciones para la adhesión de España a la CEE desde una perspectiva marcadamente nacional, en el sentido de entenderlas como un capítulo casi de exclusivas consecuencias para la transición a la democracia, conlleva el riesgo de desvincularlas con el espacio real al que pertenecen: la historia de la integración europea. En cambio, asumir una nueva perspectiva más abierta a la propia idiosincrasia comunitaria durante los años 1976-1986 permite reubicar este capítulo de la historia reciente en una agenda más amplia y compleja, así como contextualizar y reinterpretar algunos de sus hitos.