desarrollarse a partir de la definición misma de la disciplina.En un texto anterior (Sánchez, 2003), he propuesto definir la Geografía Económica como el estudio de la concreción desigual y diferenciada de la actividad económica en el territorio.En otras palabras, la Geografía Económica se afana por comprender, primero, cómo y por qué las actividades económicas se distribuyen de forma desequilibrada en el territorio y, segundo, cómo y por qué los agentes económicos operan de forma territorialmente distinta.La combinación contingente de ambas tendencias estructurales en cada territorio concreto (de escala local, regional, nacional) genera un paisaje o espacio económico diverso y también cambiante en el tiempo.Las corrientes o escuelas de pensamiento más actuales en Geografía Económica, como el enfoque relacional (Bathelt & Glückler 2011) o el evolucionista (Boschma & Martin eds.2010), examinan esa concreción con herramientas conceptuales y metodológicas específicas.Por su parte, los grandes temas de interés actual que distinguen Barnes y Christhopers (2018: 42), a saber, las geografías del capitalismo, las geografías de las empresas, las geografías de la localización y las geografías económicas alternativas, desentrañan las particularidades de dicha concreción en procesos económicos determinados que implican interacciones entre todas las escalas geográficas, desde la global a la más puramente local.En todo caso, y desde cualquier perspectiva teórica o preocupación temática, reflexionar sobre el futuro de la investigación en Geografía Económica requiere una reconsideración de las dos categorías básicas de la definición propuesta: la economía y el territorio.¿Qué entendemos hoy por economía?¿En qué territorios actúanactuamos-los agentes económicos para satisfacer nuestras necesidades?El resto de esta intervención se dedica a avanzar algunas ideas sobre ambas cuestiones, para terminar sintetizando
Marisa González de OleagaMariana Stoler
María Pilar SuárezMaría-Pilar Suárez Pascual