Hago objetos desde que tengo memoria, recuerdo algunos con los que jugaba: los carritos de madera tirados por cuerda, los cohetes con fósforos y aluminio, tanques todoterreno con un carrete de madera, una liga, un clavo y un palito, un carro con tarros de galletas y motores reciclados, muebles con tapas metálicas de gaseosas y múltiples modelos construidos con Lego que acompañaron mi infancia. Todos nacían como objetos únicos a partir de un proceso de prueba y error y de acuerdo con los recursos que tenía o podía reciclar. Conocí la escenografía en 1992, siendo estudiante de Diseño Industrial, cuando tuve la oportunidad de trabajar para un evento teatral. A partir de ese momento me involucré con el diseño de objetos para las artes escénicas. Llegué a Quito, en 1994, e inicié mi trabajo en escenografía, museografía, montajes de exposiciones, colaboración con proyectos artísticos y la docencia universitaria en Diseño de Productos. En este ensayo, para reflexionar sobre la escenografía y los objetos escénicos, a partir de mi práctica, he vuelto a mis bitácoras con la idea de reavivar mis recuerdos y experiencias.
Augusto SolórzanoDaniel Grisales BetancurUniversidad Nacional de ColombiaGrupo de investigación y gestión sobre el patrimonio
Augusto SolórzanoDaniel Grisales Betancur
Augusto SolórzanoDaniel Grisales Betancur
Françesc FormigaNicolás Martínez‐VelillaJuan J. Baztán