Patricia García-Montón González
En 1958 la revista ilustrada Blanco y Negro publicó un reportaje sobre María Luisa Caturla. Según Mercedes Formica, quien lo firmaba, esta historiadora del arte merecía ocupar un lugar destacado en su Galería de mujeres interesantes. Y no le faltaba razón. Investigadora infatigable, su carrera arrancó con el estímulo intelectual de Ortega y Gasset, creció gracias a sus amistades, entre las que se encontraban la condesa de Campo Alange o la académica Mercedes Gaibrois, hasta sobresalir en un mundo, el de la Historia del Arte durante el franquismo, copado por hombres. Sin embargo hoy, cuando reconstruimos el devenir de la disciplina, echamos en falta su nombre. Es por esto que nuestro objetivo es profundizar en su trayectoria a través de la relación epistolar que mantuvo con el que fue su “padrino literario”, Francisco Javier Sánchez Cantón, y con ello hacerlo también en la historiografía y el sistema del arte de aquellos años.