Este ensayo busca alimentar epistemológicamente la figura del guionista como un traductor singular. Se trata de un creador que no traduce, sino que deja traducir desde un particular ejercicio de imaginación simbólica donde lo cósmico, lo onÃrico y lo poético se expresan en un tipo de lenguaje. Usando una técnica inversa, se opone a la tesis de lo intraducible. El control de los vacÃos interpretativos serÃa, más bien, el requisito que permite adaptar el contenido de mensajes de un sistema gramatical a otro, cada uno con sus propios códigos y reglas, pero usando la figura de una obra semiabierta. Abordamos el rol de guionista-traductor desde un doble anclaje conceptual. Por un lado, la idea de que la traducción es una forma, tesis que desarrolla Walter Benjamin en su ensayo “La tarea del traductorâ€. Por otro, el paradigma descrito por Paul Ricoeur en “Sobre la traducciónâ€, en el cual desarrolla la alternativa práctica de fidelidad versus traición. En ambos autores se supone la existencia de un original. El traductor mantiene una relación próxima con ese original. En la teorÃa del guion, puesto que la traducción existe, es necesario que sea posible.
Antonio García BerrioMaría Teresa Hernández Fernández