Este texto pretende analizar el fenómeno de la arquitectura religiosa monumental en México durante el siglo XX, tanto aquella realizada para albergar el culto católico, como para los cultos evangélicos y mormones que parecen disputarse la primacía urbana, a través de una monumentalidad que puede deberse tanto a la expresión del triunfo de su fe, como a una estrategia proselitista en la captura por futuros miembros de la feligresía.