Si en el campo cultural argentino se hiciera con cierto detalle una arqueología de la trayectoria realizada por las numerosas editoriales llamadas independientes o alternativas y a veces pequeñas (por sus recursos técnicos y financieros, cantidad de personal, capacidad de distribución, etcétera), se volvería visible una red de tradiciones en cuyas condensaciones podrían leerse de manera sesgada capítulos de una historia cultural, tanto por el papel que desempeñaron
Adriana AstuttiSandra Contreras