La novela histórica en México evoluciona a mediados del siglo XX desde un desarrollo tradicional del género hacia un tipo de relato en el que las estrategias ficcionales cobran mayor protagonismo. La obra de Carlos Fuentes constituye el principal referente de esta nueva forma de enfocar la temática histórica, al tiempo que representa un intento sostenido por profundizar en el análisis del pasado y de los diferentes aportes culturales que han configurado la personalidad del país. Las jóvenes generaciones, sin embargo, no han continuado esta línea y en sus obras es perceptible un intento por desmarcarse de la temática nacional y los debates sobre la identidad que esta conllevaba en el pasado.