En los países latinoamericanos, en donde la diversidad cultutral es un punto en común en cuanto a la existencia de varios pueblos con culturas propias, muchas de ellas milenarias, pero también con el común denominador de la ausencia del derecho a ejercer las diferencias culturales, hacer de la participación ciudadana el motor del cambio en este momento de transición entre milenios es un reto pero a la vez una aspiración a la que no podemos renunciar.
Jacinto Manuel Porro Gutiérrez