¿Hasta dónde vale la pena seguir desplegando tanto esfuerzo por una comunicación más decente, pero marginal, en momentos en que esta se halla, amenazada por las super-autopistas cablo-satelitales de los grandes comunicadores? y, si se decidiera que sà vale la pena seguir asegurando alternativas, aún modestas, ¿cuál es la meta a perseguir en términos de desarrollo real? Entonces, comunicar ¿para cuál desarrollo?, ¿para el desarrollo de quién? Habla de la necesidad de recuperar lo ético y ofrece varias sugerencias operativas.
Ruy Sardinha LopesGustavo Cimadevilla